
Ha cerrado las puertas uno de mis lugares favoritos de Madrid. Se trataba de un pequeño restaurante hindú-pakistaní llamado Nawaab, en la Costanilla de los Ángeles. Lo que lo hacia especial además de la comida (echaré de menos el pollo bueno y ese maravilloso té con el terminábamos las cenas) era Nabi el más amable, sin duda uno de los camareros más amable y servicial con el que he encontrado. No hacía falta mirar la carta, prescindible, él te recomendaba los platos que sabían que te iban a gustar y si alguna vez elegías gambas, rápidamente te convencia para comieras otra cosa que sin duda iba a estar más rica. Y acertaba.
La última vez que estuve Nabi me comentó que tenía ganas de regresar a su casa. Espero que le vaya bonito.